ABOGADOS DE FAMILIA

LA VIVIENDA FAMILIAR TRAS EL DIVORCIO

Son muchas y diversas las consultas que se plantean en torno al destino de la vivienda familiar tras una situación de ruptura conyugal.

Una de las cuestiones más ampliamente analizadas ha sido, sin duda, la atribución de su uso y como esta medida pudiera afectar a la liquidación de la misma. Cada vez más, la jurisprudencia tiende a establecer un derecho de uso y disfrute limitado en el tiempo, mientras persista una parte más necesitada de protección e hijos menores de edad. Esta limitación temporal llevará tarde o temprano a un procedimiento judicial o extrajudicial de liquidación de la sociedad de gananciales, y por tanto de la referida vivienda familiar.

En ese procedimiento de liquidación es importante conocer cómo será tratada la vivienda, ¿será un bien privativo o ganancial?. Analizamos distintos situaciones:

1ª.- Vivienda adquirida durante el matrimonio con dinero ganancial:

Es la situación más común y más fácil de resolver a tenor del art. 1.347.3º del Código Civil que establece la norma general según la cual “Son bienes gananciales los adquiridos a título oneroso a costa del caudal común, bien se haga la adquisición para la comunidad, bien para uno solo de los esposos”.

La consecuencia inmediata es que en la liquidación ambos tendrán exactamente la misma proporción en dicha vivienda.

2ª.- Vivienda adquirida durante el matrimonio y abonada con el precio obtenido con la venta de un bien privativo o dinero privativo de uno de los cónyuges.

Es habitual que uno de los cónyuges venda su vivienda, u otros bienes (por ejemplo de una herencia), y con lo obtenido se compre una nueva vivienda que constituirá el hogar familiar. Pueden darse varios supuestos:

  • Si no se hace constar en la escritura la privacidad del dinero invertido, dado que se compra durante el matrimonio, se presume la ganancialidad de la vivienda, sin perjuicio de que en la liquidación se pruebe fehacientemente aquella aportación privativa y ello dé lugar a un derecho de crédito a favor del cónyuge que la realizó y a cargo de la sociedad de gananciales.
  • Si en la escritura se hiciese constar la naturaleza privativa del dinero usado para pagar el precio, y se comprase para el cónyuge que aportó el dinero, será también de carácter privativo. Artículo 1346. 3º.- del Código Civil “Son privativos de cada uno de los cónyuges los adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos.”
  • Por el contrario nada impide que se abone parte del precio con ese dinero privativo, y así se reconozca en la escritura pero se compre expresamente para la sociedad de gananciales. De hecho según el 1355 del Código Civil “Podrán los cónyuges, de común acuerdo, atribuir la condición de gananciales a los bienes que adquieran a título oneroso durante el matrimonio, cualquiera que sea la procedencia del precio o contraprestación y la forma y plazos en que se satisfaga.” Como en el primer caso, por aplicación del art. 1358 del Código Civil, la vivienda tendrá carácter ganancial pero en la futura liquidación “habrá de reembolsarse el valor satisfecho a costa, del caudal propio, mediante reintegro de su importe actualizado al tiempo de la liquidación”.

3ª.- Si la vivienda se compra por ambos antes del matrimonio.

En este caso, la vivienda pertenecería pro-indiviso a ambos cónyuges en proporción al valor de las aportaciones respectivas. Si en la escritura no se especifica cuanto ha aportado cada uno, se presume que han aportado el 50% cada uno.

Ahora bien, también es posible, que el precio se pague en parte por ambos cuando se compra, antes del matrimonio y otra parte después de casados. En este supuesto, a tenor del art. 1354 del Código Civil la titularidad de la vivienda se atribuirá en la proporción correspondiente a  la sociedad de gananciales, y a cada uno de los cónyuges según lo aportado para la compra.

4ª.- Si se compra por uno antes del matrimonio y se abona íntegramente por el mismo.

No cabe duda de que la titularidad es privativa del cónyuge que la ha adquirido y pagado.

 Los derechos del otro cónyuge se limitarían a:

  • El uso y disfrute si le fuese concedido en sentencia y durante el tiempo que se le concediese.
  • También tendrá derecho a que se reconozca el importe de las mejoras que pudiese haber costeado el matrimonio, dando lugar a un crédito a favor de la sociedad de gananciales y frente al cónyuge titular.

5ª.- Si se compra por uno antes del matrimonio y se abona en parte por este antes de casarse y en parte por la sociedad de gananciales tras el matrimonio.

Este es un supuesto muy común dado que la mayoría de las veces se abona la vivienda mediante un crédito hipotecario cuyo pago se prolonga durante bastantes años, y es habitual que la pareja se establezca en la vivienda privativa de uno de los cónyuges con una carga hipotecaria.

Es frecuente que después de casados se pague esa hipoteca contra una cuenta común o en definitiva con ingresos gananciales.

El principio general en cuanto a los bienes comprados con precio aplazado se establece en el art. 1357 del Código Civil según el cual “Los bienes comprados a plazos por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad tendrán siempre carácter privativo, aun cuando la totalidad o parte del precio aplazado se satisfaga con dinero ganancial”.

Sin embargo la vivienda familiar constituye una importante excepción a esta norma general, y es que el precepto continúa “Se exceptúan la vivienda y ajuar familiares, respecto de los cuales se aplicará el artículo 1354”.

Como ya he explicado anteriormente, el art. 1354 establece que la titularidad corresponderá proindiviso a la sociedad de gananciales y al cónyuge o cónyuges en proporción al valor de sus aportaciones respectivas.

Por tanto, podría darse el supuesto de que una vivienda sea adquirida por uno de los futuros consortes antes del matrimonio, abonándose casi todo el precio durante el matrimonio. En este caso la vivienda podría llegar a ser ganancial en un porcentaje próximo al 100% .

6ª.-  Si la vivienda es propiedad de los padres de uno de los cónyuges.

Evidentemente, la ruptura conyugal no cambia en nada la titularidad de los padres sobre la vivienda.

Los mismos podrán reclamar el uso de la misma incluso aunque se le haya atribuido el uso y disfrute por sentencia al cónyuge no hijo.

El cónyuge usufructuario tendría que abandonarla si está en precario o quedará limitado su derecho al propio de un inquilino si había un contrato de arrendamiento.

7ª.- Si los padres se la han donado por razón del matrimonio.

Este es un tema mucho más amplio que merece su propio estudio, pero nos limitaremos a señalar que el código civil en su artículo 1339 señala que “los bienes donados conjuntamente a los esposos pertenecerán a ambos en pro indiviso ordinario y por partes iguales, salvo que el donante haya dispuesto otra cosa”

Habrá que tener en cuenta también en este caso la posibilidad de revocación de esta donación en caso de divorcio contemplada en el art. 1343 del Código Civil y más claramente en el art. 180.2ª de la Ley del Derecho Civil de Galicia de aplicación en nuestra Comunidad Autónoma.

No cabe duda de que el objetivo del procedimiento de liquidación es entregar a ambas partes idéntico valor del total de los bienes considerados gananciales. Por tanto, la adjudicación de la vivienda variará de un caso a otro, pues suele concurrir con otros bienes de la sociedad de gananciales.

También suele concurrir, como hemos visto, con partidas de pasivo (deudas y créditos) a veces de la sociedad de gananciales frente a terceros, o de la sociedad respecto de alguno de los cónyuges (Ej: tras el divorcio y producida la disolución de la sociedad de gananciales, uno de los cónyuges se hace cargo del total de la hipoteca hasta la efectiva liquidación).

Incluso podrán surgir otras complicaciones a la hora de valorar mejoras realizadas constante el matrimonio en bienes privativos, o caudales privativos invertidos en bienes gananciales.

Por todo ello los abogados de Themis Estudio Legal  nos  ponemos a su disposición para orientarles sobre su caso concreto, incluso con un cálculo de cuánto les podría corresponder en una hipotética liquidación de su sociedad de gananciales y de su vivienda familiar, y de las posibilidades que tienen en cuanto a las futuras adjudicaciones de bienes y deudas.

Fdo. –Delia I. Prieto Teijeiro

Abogada